quinta-feira, 24 de setembro de 2009

No me digas que el recuerdo se ha llevado tu ilusión.
No me digas que no quieres, cuando por eso sé que mueres.
No me mientas, no hay razones, ni sentido, ni perdones.
No hables por hablar. No mientas por elegancia.
Prefiero que me lastimes con mil verdades, a que me apuñales de ilusión con cien mentiras.
Guardo bajo llave los deseos, pues no, no dejaré que me los robes.
No me sepultarás bajo tus ojos, no importa cuán poderosos.
NO, NO, NO.
No dejaré que te apoderes de mí.
No quiero ilusiones, quiero realidades.
No quiero transportes ficticios, fantasias y fantasmas.
No quiero que el miedo me devore.
No quiero que la decepción me petrifique.
Aprenderé que hasta aquellos que amo algún día me harán daño, y perdonarles me hará un bien mayor a mí. Aprenderé a perdonarme a mí misma. Y pediré que los demás tengan la nobleza de perdonarme también, cuando me equivoque.
No quiero ser víctima de la vida, quiero ser yo quien la domine.

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