16-02-2010
- Las niñas me molestan.
- No les respondas – se rio ella.
- Eso hago, pero no entienden- respondió.
- Te quieren – bromeó.
- Son tontas, igual yo no les hablo.
- No me hagas eso – empezó bromeando ella.
- ¿Qué cosa?
- No me dejes de hablar.
Él se rió.
- Estoy hablando en serio, no me hagas eso, no resistiría.
- Está bien.
- Prométemelo.
- Lo prometo, tonta.
A fin de cuentas, ¿las promesas servían para algo?
Él se fue, se fue como siempre lo hacía. Se iba y se llevaba con él los pedazos de su corazón despojado de aquella ilusión que tenía al principio, de aquella calma que él le brindaba. Se llevaba con él los abrazos y las caricias, las luces del sol y los rayos que se infiltraban por las ranuras de las ventanas cada mañana y le acariciaban el rostro mostrándole que hoy era un nuevo día. Cuando se iba extinguía el fuego de su corazón y lo guardaba bajo llave para que más nadie pudiera encenderlo hasta su regreso. Y ella lo veía partir, y llevarse su esencia. Y el aire se volvía más limpio, más pesado, más monótono y vacío.
Él volvió, volvió como siempre lo hacía pasado poco tiempo. Se había llevado el fuego y necesitaba el frio, siempre necesitó volver al frio. Volvía y traía con él la llama, que derretía cada pensamiento o cada orgullo. Traía el olor particular, delicioso y embriagante que lo caracteriza. Traía las sonrisas multicolores y las carcajadas estruendosas.
R, all over the place.

me a gustado mucho :p
ResponderEliminaro texto, sabes bem, o bem que escreves, como te expressas, simplesmente adoro.
ainda que seja a coisas que mais te possa magoar, ao falares disso consegues exprimi-lo duma forma bela.