
A veces miramos hacia un precipicio, o hacia la simple ventana o balcón. Miramos hacia abajo, hacia donde el suelo comienza y el vacío acaba, observamos atentamente las dimensiones y el espacio que nos separa del suelo. Y evaluamos una de las posibilidades que se nos depara, pensando que el vacío ajeno talvez se pueda llevar el nuestro, aquel que sentimos en medio del pecho y que presenciamos recorriendo nuestra sangre.
De repente, nuestra imaginación crea una imagen mental del acontecimiento y nos asusta tanto ver desde afuera que el propio miedo dentro de nosotros se vuelve aún más poderoso.
E, irónicamente, no saltamos. Decidimos permanecer en el mundo algún tiempo más, aunque sepamos que acabará por hacernos volver al precipicio y ponderar si vale la pena.
Al mismo tiempo que alguien decide cometer suicidio, alguien decide no hacerlo.
Quien haya evaluado, imaginado talvez, la idea de que ya no hay solución, no se dio la oportunidad de asegurarse que así fuera.
La vida nos sorprende.
La vida nos desilusiona.
La vida nos entristece.
La vida nos alegra.
Siempre ha sido así y así seguirá siendo, el objetivo es encontrar el equilibrio que evite que saltemos del precipicio.
10-09-2009
De repente, nuestra imaginación crea una imagen mental del acontecimiento y nos asusta tanto ver desde afuera que el propio miedo dentro de nosotros se vuelve aún más poderoso.
E, irónicamente, no saltamos. Decidimos permanecer en el mundo algún tiempo más, aunque sepamos que acabará por hacernos volver al precipicio y ponderar si vale la pena.
Al mismo tiempo que alguien decide cometer suicidio, alguien decide no hacerlo.
Quien haya evaluado, imaginado talvez, la idea de que ya no hay solución, no se dio la oportunidad de asegurarse que así fuera.
La vida nos sorprende.
La vida nos desilusiona.
La vida nos entristece.
La vida nos alegra.
Siempre ha sido así y así seguirá siendo, el objetivo es encontrar el equilibrio que evite que saltemos del precipicio.
10-09-2009
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