
Nunca nos acostumbramos a ver nuestro rostro cuando comienza a ceder y a quebrarse tras las lágrimas detrás de los ojos. Supongo que por eso no es hábito verse al espejo mientras se llora, supongo que por eso solemos llorar con los ojos cerrados.
Nunca nos habituamos a las lágrimas corriendo por nuestras mejillas, ni a los suspiros ahogados que caracterizan el llanto.
Nunca nos habituamos a nuestra madre preguntando: - ¿por qué lloras?- como si fuéramos aberraciones. Ni a nuestra respuesta seca: Por nada.
¿Lo peor del caso? Es que se lo creen.
Y cuando te das cuenta, ya no eres su hija, eres una adolescente trastornada que vive en su casa, come su comida, y bueno, vive bajo sus reglas.
Nunca nos acostumbramos a las miradas de asco que la gente nos regala, cuando tenemos la gallardía de mostrarnos al desnudo, ni siquiera después de años intentándolo.
Nunca nos habituamos a las decepciones que las personas nos provocan, y lo hacen una y otra, y otra vez. Y mantenemos la esperanza de que algún día eso no pase, o pensamos que talvez no es su culpa. ¿A quién queremos engañar? Ah, cierto, a nosotros mismos. Pero la verdad, es que los corazones se siguen partiendo, y las lágrimas, pues, siguen cayendo, como siempre.
Nunca nos habituamos a las lágrimas corriendo por nuestras mejillas, ni a los suspiros ahogados que caracterizan el llanto.
Nunca nos habituamos a nuestra madre preguntando: - ¿por qué lloras?- como si fuéramos aberraciones. Ni a nuestra respuesta seca: Por nada.
¿Lo peor del caso? Es que se lo creen.
Y cuando te das cuenta, ya no eres su hija, eres una adolescente trastornada que vive en su casa, come su comida, y bueno, vive bajo sus reglas.
Nunca nos acostumbramos a las miradas de asco que la gente nos regala, cuando tenemos la gallardía de mostrarnos al desnudo, ni siquiera después de años intentándolo.
Nunca nos habituamos a las decepciones que las personas nos provocan, y lo hacen una y otra, y otra vez. Y mantenemos la esperanza de que algún día eso no pase, o pensamos que talvez no es su culpa. ¿A quién queremos engañar? Ah, cierto, a nosotros mismos. Pero la verdad, es que los corazones se siguen partiendo, y las lágrimas, pues, siguen cayendo, como siempre.
muito obrigada :)
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